Tanta seguridad para tanto error
Reflexiones sobre el miedo a estar equivocado, el efecto Dunning-Kruger y por qué preferir la verdad a tener razón puede cambiarlo todo.
Era plena noche. Se me estaban quedando los pies fríos y sentía que el pecho se me seguía apretando. No lograba entender por qué el simple recuerdo de algo que ocurrió hace más de seis meses provocaba tal reacción en mí. ¿Por qué se sentía tan mal haber estado… equivocado? Necesitaba llegar al fondo del asunto. Así que, como científico autoproclamado, empecé a elaborar mi hipótesis.
En clase, cuando aciertas una pregunta, piden a los demás alumnos que te aplaudan. Escuchas sus estruendosos aplausos y es como si el mundo entero se girara hacia ti, inclinando la cabeza y diciendo: «Señor nuestro, no hay nadie como tú». Eres, sin duda, el protagonista del momento. Y si de ti dependiera, no querrías que parase nunca. Entonces, ¿qué haces? Te esfuerzas por acertar más respuestas.
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